Cuando Facebook convierte la oficina en un (fabuloso) patio de recreo

Me da la risa cuando oigo decir que Facebook solo sirve para contar tontadas del estilo “Estoy en el metro camino de mi clase de macramé”. Yo podría pasarme 24 horas al día disfrutando con las publicaciones y enlaces de mis amigos y conocidos. Pero lo mejor de mi Facebook es el cuartito privado que comparto con mis compañeras de trabajo. Privado y multiusos, pues nos sirve como sala de reuniones, afterwork desenfrenado, aula virtual, confesionario íntimo y sede para improvisados grupos de apoyo. 

Es un cuartito virtual, sí, porque nosotras nos hallamos esparcidas entre Madrid, Allerona, Buenos Aires, Nueva York, San Francisco, Luisiana y distintas ciudades de Florida. Y nunca deja de parecerme un milagro que la tecnología nos permita intimar, apoyarnos, trabajar juntas, contarnos cosas que nunca sabrán aquellos que comparten pared y ascensor con nosotras. A veces nos desahogamos aireando nuestras miserias; a menudo acabamos llorando de risa. Nuestro pequeño secreto es que dentro del grupo somos un poquito más nosotras mismas que en nuestros perfiles públicos, pues al cerrar la puerta nos desprendemos del traje de profesionales y nos volvemos un poco niñas, un poco payasas. Amigas. 

Sin embargo, basta que me despiste un par de días para que me cueste seguirles el hilo. Porque a mis fabulosas compañeras les conceden premios por su talento, las invitan a hablar en público, se las rifan para trabajar con ellas. Ah, qué maravilla cuando abro la puerta del cuartito y me pierdo porque ya no sé quién ha recibido una oferta y quién felicita a quién por el éxito de su nuevo proyecto. En estos momentos en que ver el telediario o abrir un periódico nos marchita el espíritu y hasta las neuronas, ellas son mi luz, mis campanillas y mi ventana abierta a un cielo de primavera. 

Os presento a Eliana, mamá de dos niños con síndrome de Down que ha creado una red con la que abraza a otros padres en su misma circunstancia. La magia entre fogones de Fernanda y Laura F, hermosas hechiceras empeñadas en mostrar a los norteamericanos que se puede comer rico y sano. La fuerza callada, maternal, bañada en dulzura, de Soe, Veronique, nuestra Eileen, traviesa cheerleader. La perserverante Elizabeth, buscadora infatibable del camino que debía conducirla a la familia que soñaba. Laura C, sabia conocedora del poder de una buena carcajada para matar a los demonios. Y Lorraine, nuestro faro, nuestro ángel. Amiga, compañera, mentora cuya aura me atrapó por primera vez hace 20 años al leer su primer libro, en el que narraba su batalla juvenil contra la anorexia.

Y es que las mujeres de este grupo hemos sobrevivido a la enfermedad y la muerte de algunos de nuestros seres más queridos, a divorcios, pobreza y abortos, al alcoholismo y el abandono, al exilio, a la crisis, al desarraigo. 

Y aun así, mira bien la foto. Mira qué sonrisas. ¿Verdad que somos fabulosas?

7 comentarios

  1. Eliana Tardío   •  

    Concuerdo con cada palabra, coma y punto de este artículo. Somos un maravilloso grupo de amigas y es cierto.. nadie sabe quienes somos realmente jajaja besos Palomita. Love you!

  2. Laura   •  

    Me ha encantado desde la primera letra… Aunque siempre me gusta lo que escribes. Pero este me ha llegado al alma… Y es la verdad que no sabia poner en palabras! Garcias Paloma!! Amiga y complice en el patio del trabajo y recreo! 😉

  3. Me encantó el post! Totalmente de acurdo en que FB va más allá de lo que la población promedio piensa y en que todas tienen bellas sonrisas que las hacen fabulosas.

    Que viva la Amistad!

  4. Veronique   •  

    Claro que nuestras sonrisas son fabulosas, aunque estén bañadas en lágrimas de emoción como la mía ahora. Y la tuya, tu sonrisa, la primera.
    😉

  5. Lorraine C. Ladish   •  

    Ah, esto ha hecho que se me salten las lágrimas … Doy gracias por cada una de vosotras. Cada día … Os quiero mucho. Gracias, Paloma.

  6. Pingback: Paloma Corredor – Yo también miro el móvil en el metro

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