¿Pedirías una recomendación en LinkedIn a un compañero del cole?

Yo fui una niña flaca, tan flaca que una vez me diagnosticaron raquitismo. Miro mis fotos de cuando tenía 2 o 3 años y me veo una cabeza enorme. Parezco un chupachups, porque también llevaba gafas de culo de botella desde que tenía 1 año. A los 7, no sé muy bien por qué, empecé a comer y entonces me convertí en una niña regordeta. Como para mí el mundo era borroso fuera del contorno de mis gafotas, y además era zurda, el equilibrio no era precisamente mi mayor virtud. En otras palabras, la clase de gimnasia empezó a ser una tortura (pensad que hablo de los tiempos en los que los maestros no dudaban en humillarte si lo consideraban necesario. Recuerdo a mi profesora de 3º de EGB llamándome “Comanecci” con una media sonrisa).  

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Todo esto me ha venido a la mente de nuevo cuando Isabel, una antigua compañera del colegio con la que retomé el contacto por Facebook, me pidió una recomendación para Linkedin. Me pareció muy divertido considerando que dejamos de vernos a los 13 años y Linkedin es, digamos, una página adulta y seria y no un Facebook cualquiera.

Le escribí a Isabel lo que recordaba de ella: que era una niña fuerte y con determinación en la mirada. Ágil (no como yo) y con espíritu de líder sin resultar intimidante. Ella me confesó que había esperando mis comentarios con una pizca de inquietud.

Yo, entonces, me atreví a pedirle lo mismo. ¿Qué recordaba ella de mí? Con la misma inquietud, esperé su mail. Aunque pensaba que no me lo diría, estaba convencida de que me recordaría como una niña gorda, torpe y gafotas. Pero su respuesta casi me hizo llorar. A sus ojos, yo era una niña con gafas, sí, pero con una mirada original, creativa y amable. No me recordaba gorda ni pensaba que podía haberme sentido torpe, pues para ella yo era una compañera con la que era fácil convivir, curiosa, divertida, sin afanes de protagonismo pero siempre presente en todas las situaciones.

Este intercambio de correos me ha enseñado que para ser felices y  lograr nuestras metas personales y profesionales no podemos seguir identificándonos con los complejos de la infancia, los defectos que nos atormentaban en la adolescencia o las etiquetas familiares. Esas que sentencian que “Fulanito siempre será un inútil” o “Menganita es igual de neurótica que su madre”. No podemos permitir que el acné pase, pero deje cicatrices internas que duren toda una vida. 

2 comentarios

  1. Veronique   •  

    ¡¡¡¡Me encantaron la página, la historia y todo!!!!

    MUAK

  2. Lorraine C. Ladish   •  

    Pues te entiendo perfectamente. Yo era también flaca y en mi caso desgarbada y encima tenía buenas notas así que era la repelente de la clase. Pero luego mis amigos del cole en FB me dicen que sigo igual de guapa y simpática que como me recuerdan y yo claro, no me recuerdo así.

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