Soy una mamá que “no trabaja”

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Mano a mano frente a la pantalla

Ahora que leo blogs de maternidad y crianza, asisto entre interesada, curiosa e indignada (depende del momento y del blog) al intenso debate entre lo que podríamos llamar las mamás feministas de los años 80 y las que ahora preferimos dedicar mucho tiempo a criar a nuestros hijos que salir a trabajar mucho tiempo en una empresa.

Cuando yo era pequeña (en los 80) y nuestras madres se quedaban en casa, en el colegio nos hacían escribir “Sus labores” en la casilla de “Profesión de la madre”. Por supuesto que yo no quería dedicarme a “eso” cuando fuera mayor. Ni me gustaba coser ni quería ser ama de casa. Qué horror, qué aburrimiento, qué banalidad. Por supuesto que no percibía cada pequeño, continuo, generoso, incansable esfuerzo de mi madre durante los 28 años que viví en su casa.

Y luego, poco a poco, empecé a comprender. Ay, si a las madres les pagaran un sueldo por su trabajo. Ay, si se reconociera lo que hacen como una de las labores más valiosas a las que se puede dedicar un ser humano. Pero en este mundo masculino lo más importante es producir, correr y quemar etapas, y que el bebé cague en el orinal, duerma solo y deje de dar la lata lo antes posible. Pasar uno, dos o tres años al lado de tu hijo se considera una esclavitud y una pérdida de tiempo.

Pues yo sigo con mi hija en casa, que tiene 16 meses. O sigue ella conmigo, porque yo trabajo en casa, con mi ordenador y más o menos a mi aire. Claro que quiero retomar mis proyectos creativos, volver a salir con amigas, tirarme en el sofá a leer un libro. Y hay días durísimos, largos, aburridos, en los que quisiera cerrar los ojos y dormir 12 horas seguidas, y ponerme a leer una revista al despertar. Pero es mi elección. Porque puedo y porque quiero.

Sí, prefiero estar en casa con mi niña que dejándome la piel en una oficina por mil euros sin saber si me van a despedir mañana. Prefiero dedicarme a la maravilla de criarla, educarla, enseñarle lo que sé, aprender de ella y descubrir el mundo a su lado que hacer carrera en una empresa a cambio de dinero y reconocimiento, perdiendo mi alma en el camino (si es que sigue existiendo esa posibilidad, por otra parte). Aunque entiendo a las mujeres que en los 80 preferían salir a trabajar a quedarse en el parque cada tarde con sus hijos, porque creo que trabajar y ser independiente económicamente es importantísimo, resulta que muchas de nosotras no encontramos la felicidad en eso de “hacer carrera” a la manera tradicional.

Y ojalá pudiera alargar todo lo posible el momento en que mi niña también tenga que entrar en la rueda de los horarios, las normas y el sistema. Pero no voy a poder demasiado, porque lo que estoy haciendo ni se paga ni se valora. Más bien, veo que los políticos van por el camino de ampliar el horario de las guarderías (¿por qué no abren por la noche, ya total?) para que las madres puedan volver cuanto antes a “trabajar”. Parece que siguen sin enterarse de que cada vez somos más las que queremos decidir si volvemos a la oficina, si emprendemos por nuestra cuenta, si nos quedamos en casa o si elegimos un poco de todo. Y que nos den facilidades para montar un negocio o tener un horario flexible. Estar con nuestros hijos durante su primer, segundo o tercer año de vida y que nos paguen por ello. A mí no me parece una esclavitud ni una condena, sino un pedazo irrepetible de mi vida que no me quiero perder. Intenso, agotador, hermoso. Parece eterno, pero pasa en un suspiro.

Hay un libro sobre crianza que me gusta mucho. Se llama Lo que hacen las madres y la misma autora, Naomi Stadlen, resume su contenido en unas preciosas palabras al final. Esto es lo que hacen las madres cuando parece que no hacen nada:

“Veo a una madre con aspecto agotado, pálida y ojerosa, que milagrosamente tiene energía para cantar y acunar a su bebé de un modo que el bebé empieza a reconocer. Veo que se está relajando y que su cuerpo se funde en sus brazos. Ya no llora. Todo su ser está atento a la música y al ritmo de la madre que le está consolando tan bien. Cuando por fin se duerme, toda la habitación se queda en paz. Algo trascendental parece haber cambiado. Ha habido una transición de la angustia a la armonía”. 

Y es impagable, ¿no creen?

10 comentarios

  1. Me encantó tu og y aunque no tengo hijos aun, me identificó. Cambié hasta de trabajo para preparar mi entorno para, como tú, trabajar, pero con más flexibilidad, un poco más a mi ritmo. Y las madres sí que hacen un montón. Hacen que el mundo se “mueva”.

    • Paloma Corredor   •     Author

      Así es Lymari. Nada menos! Ojalá pronto cumplas tu sueño. Un abrazo.

    • Paloma Corredor   •     Author

      Tú eres un gran ejemplo de cómo ser mamá y trabajar desde casa. Felicidades a la sevillana!

  2. Carolina   •  

    Me identifico totalmente. Me he visto reflejada.

    • Paloma Corredor   •     Author

      Gracias por tu comentario, Carolina

  3. Yoli   •  

    Paloma aplaudo tus palabras, criar es precioso y un privilegio que a veces no podemos disfrutar como nos gustaría,actualmente está así de mal organizado. Estar con los hijos es importante para toda la familia, los pequeños disfrutan de sus padres más que de cualquier otra cosa, solo hay que mirarlos y verlos.

    • Paloma Corredor   •     Author

      Así es Yoli. Esperemos que entre todos podamos cambiar las cosas para el bien de hijos y padres.

  4. Raquel   •  

    Lo primero de todo agradecerte tu valentía al compartir tu experiencia y tu opinión. Creo que lo importante es que tuviéramos la opción de elegir hacer lo que nos parezca mejor, tanto las madres como los padres. Solamente difiero en algo, y es que la experiencia profesional, el motivo por el que una persona, en este caso hablas de madres, decide salir de casa no siempre es dejarse la piel por un sueldo o como dices perder el alma en el camino, a veces es una vocación, una profesión que te realiza y te hace crecer. Yo por ejemplo me dedico a la medicina y cuidar, tratar con mis pacientes es algo que considero fundamental en mi vida. Voy a tener una hija y me gustaria sentir que soy libre de elegir una cosa u otra, o lo que seria mejor, que es posible conseguir un equilibrio entre la maternidad y mi vocación. Y sobre todo me gustaría que al hablar de todo esto habláramos también en masculino.
    Y una vez más gracias y enhorabuena por ser valiente de hacer lo que te hace más feliz, de hacerlo de la manera en la que crees, porque al final eso es lo más importante.

    • Paloma Corredor   •     Author

      Claro que sí, Raquel. Yo también tengo una vocación y es muy importante para mí. Por eso digo que lo ideal sería poder elegir una cosa u otra, como tú también dices. Que hubiera más facilidades, como en otros países. Lo de hablar en masculino lo tendrá que hacer un hombre, yo soy mujer y hablo desde mi experiencia. Que tengas feliz embarazo y parto!

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