Recetas de vida anticáncer

 

recetasLa editorial Urano me envía el nuevo libro de Odile Fernández, Mis recetas de cocina anticáncer. Se me hace la boca agua leyendo las recetas y viendo las fotos, llenas de color y de vida. Aunque la verdad es que algunas combinaciones me parecen un poco complicadas o no me convencen (mmm… a las algas no termino de encontrarles la gracia).

Pero lo que me apasiona de este libro es la historia de Odile, médico de familia a la que detectaron un cáncer avanzado de ovarios con múltiples metástasis. Ella decidió seguir el tratamiento que le proponía la medicina convencional, pero también decidió cambiar radicalmente su alimentación y su actitud. Se curó, fue mamá dos veces y ahora es una especie de ángel para otros enfermos, para los que estamos sanos y espero que para muchos de sus compañeros de profesión.

Fernando, mi hermano pequeño, murió a los 17 años de un cáncer de huesos muy agresivo y doloroso. Le trataron en las mejores clínicas, con los métodos más avanzados de la época (principios de los 90). Pero ninguno de ellos tuvo en cuenta lo que él comía o lo que sentía. A mi madre también la operaron de cáncer (de colon) hace seis años. Ella sí se curo, y también hizo algunos cambios en su alimentación. ¿Hasta que punto influyeron? Pues no lo sé. No creo que la actitud optimista por sí sola pueda curar. Hay miles de enfermos con una sonrisa permanente en los labios y que son los primeros en animar a sus familias, y acaban muriendo. Así era Fernando, por ejemplo.

Lo que me parece terrible es que todavía tantos médicos se limiten a combatir los síntomas físicos de la enfermedad, obviando por completo la importancia de la alimentación, el pensamiento positivo y los hábitos saludables. Y es tristísimo que millones de personas se refugien exclusivamente en las pastillas cuando se sienten mal, y no sepan (o no quieran saber, pues existe información de sobra) que existen otras formas de sanar la raíz de sus dolores físicos o emocionales. Dicen las legendarias medicinas orientales, y estoy segura de que tienen mucha razón, que somos un todo cuerpo-mente-espíritu, y que la enfermedad física es a menudo la expresión de un malestar que comienza siendo emocional. Pero eso, aquí, se tiene tan pocas veces en cuenta…

Seguramente porque no pude hacer nada por ayudar a mi hermano, pues yo también era muy joven y me sentía desbordada, sueño con una sociedad en la que los hospitales se conviertan en remansos de paz y bienestar, verdaderos centros de salud y no de enfermedad. Me los imagino atendidos por médicos como Odile, enfermeros y terapeutas trabajando en equipo para ayudar a sus pacientes, y siendo justamente respetados y remunerados por su trabajo. Imagino que ningún médico más le dice a nadie lo que uno le dijo a mis padres hace  21 años: “A su hijo le quedan tres meses de vida”…