Y tú, ¿cómo lo llamas?

Summertime

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Lo confieso: cuando empecé a enseñarle los nombres de las partes del cuerpo a mi hija, sentí ESA incomodidad al llegar a lo que está más abajo del ombligo.

La misma que sintió mi madre el día que íbamos de casa al cole y le pregunté: “¿Mamá, cómo se hacen los niños?” Unos segundos de silencio sepulcral después, ella dijo algo como “¡Uy, tengo una piedra en el zapato, me molesta un montón!” No insistí, aunque me reí un poco por dentro. ¡La pobre! Yo ya sabía la respuesta. Lo que quería ver era cómo reaccionaba ella.

Mi mejor amiga me había revelado el secreto en el recreo. Fue cuando yo le dije que en el periódico salía una niña africana de 9 años que había sido mamá, y que mis padres decían que eso era porque estaba loca. “No está loca. Lo que pasa es que han hecho el amor. Las mujeres tienen la regla y los hombres tienen la leche, que les sale por el pito y la echan dentro de la mujer y se hace el bebé”.

Eso fue un curso después de que la monja nos explicaran la reproducción humana en 5º de EGB entre risas nerviosas y bromitas. Como cuando una de mis compañeras preguntó algo sobre los órganos masculinos y la mujer respondió “Pregúntaselo a Paloma, que tiene tres hermanos”. Y tan ancha se quedó.

En fin, la vergüenza y la incomodidad de tantos años de represión que se extendió como un manto negro hasta mi generación, y que hace que a todas las partes del cuerpo se las llamara por su nombre menos a ESAS.

Mi madre la llamaba “la flor”. A mí me parecía tonto y cursi. Ahora, con el tiempo, lo encuentro bonito. Pero no quiero que mi hija crezca llamando a una parte de su cuerpo por un mote. Ni siquiera usando una linda metáfora. Así que, aunque me ha costado lo mío decirlo sin que me salga un tono de voz extraño, ahora cuando repasamos las partes del cuerpo le explico que ESA se llama “vulva”. Y le he recordado a su padre que no se llama “sus partes” ni “ahí abajo”.

Y al fin, los dos lo nombramos con bastante naturalidad. Pero lo mejor es oírla a ella cuando dice “vulva” con su lengua de trapo y su bendita inocencia.

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