Yo también miro el móvil en el metro

Cuando era pequeña leía las tiras de Mafalda en los tebeos de Esther y su mundo. Algunas no las entendía, otras me dejaban pensando y otras más se me quedaron grabadas. Una de mis favoritas es esa en la que Mafalda le pregunta a Susanita si ha hecho sus deberes y esta, que está saltando a la comba y practicando eso que ahora llamamos procrastinar, le responde: “La gente no quiere hacer nada, la gente no quiere trabajar. ¿Te das cuenta de  cuál es mi drama, Mafalda? ¡Que yo soy muy gente!” 

Me acuerdo de esta tira cuando oigo a alguien quejarse de que la gente va en el metro con la vista fija en el móvil y eso nos va a llevar a la deshumanización absoluta, la enajenación mental y no sé cuántas desgracias más. Pues es que yo para eso soy muy gente. También miro el móvil mientras voy en el metro. A veces solo cotilleo Facebook. Otras respondo mis emails de trabajo. Pero aunque esté jugando a disparar ladrillos, ¿quién demonios tiene derecho a deducir que soy una cateta inhumana y asocial? Francamente, prefiero mirar mi móvil a las caras de acelga que me rodean, y comprendo que a otros les pase lo mismo conmigo. No es nada personal. Entramos en el metro y activamos el modo robot.  

Yo a veces, como Susanita, soy muy gente. Igual que a ella, se me da de maravilla procrastinar. Y aunque voy al cine en V.O., veo las películas en casa sin doblar porque me da mucha pereza leer subtítulos en el sofá. Es más, me encantan los telefilmes de tragedias y algún que otro reality show. También compro en Zara aunque lo hago con remordimiento de conciencia ahora que sé que su ropa la fabrican esclavos. A veces leo bestsellers por el puro placer de engancharme a una historia ajena a la mía, y también leo el Cuore y me parto de risa con sus comentarios políticamente incorrectos sobre las imperfecciones de las famosas, esas que posan en la revista de al lado con pretensiones de diosas hasta las orejas de Photoshop. Ah, y me encantan los bufés libres y llenarme el plato de comida que no me voy a comer.

Y cuando estoy sola en casa hago todas esas cosas. Sí, esas.

Como diría Alaska, la protagonista de mi reality favorito, ¿a quién le importa?

2 comentarios

  1. Veronique   •  

    Pues, sí, Susanita. Yo me identifico con Mafalda, por eso me gustan tantísimo el último par de viñetas. Pero también miro el celu en cualquier sitio. En la puerta del cole, en la fila del banco, el el consultorio del médico. Alterno con algún libro o un documento pendiente en Word que no necesite WiFi, pero si no, juego a los ladrillos mientras dejo la mente en blanco. Yo también prefiero un “jaja” privado en FB que la cara de acelga de la señora de al lado, que, por conversar de algo, dice muy alto “que ella esas cosas de la tecnología no las entiende”. Pues fastidiese, señora, o cómprese un cómic de Mafalda y deje a los demás vivir. 😉

  2. Juanan   •  

    Llevo toda la vida leyendo en el metro, periódico, libro o ebook. A veces incluso me gusta un trabajo que te obliga a estar horas en el transporte público. La de novelas y libros u horas de estudio que me he cascado en esos trayectos… No veo por qué leer en la pantalla del móvil iba a ser de otra forma. Como si la alternativa fuera una conversación interesante o la entrevista de tu vida a ese personaje que siempre has querido tener. Más bien mirar caras de cansancio, todos los grados del cabreo y sobre todo gente que está deseando que los mires para poder cabrearse y soltar algo de adrenalina. A mi no me gusta que me observen, pero no me gusta de verdad, y prefiero el móvil y cotillear Facebook o las noticias en twitter o el libro, que además no tengo por qué ocultar la portada con vergüenza, como cuando llevas un best seller en papel.

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