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Cambio de vida

Cambiar de casa: las 3 grandes lecciones que he aprendido de mis 16 mudanzas

A lo largo de mis 48 años de vida me he mudado… ¡16 veces! A estas alturas, cambiar de casa es para mí como pasar del armario de verano al de invierno. Me da pereza ponerme y me cuesta un poco acostumbrarme, pero enseguida le pillo el truco.

Algunas de mis mudanzas han sido por obligación: era pequeña y no me quedaba otra que seguir a mis padres. Otras, motivadas por la pura necesidad de cambiar de escenario. Pero, de todas ellas, hay dos que han dado un giro radical a mi vida. 

De vivir en Londres a ser mamá en Sevilla 

La primera fue cuando decidí irme a vivir a Londres. Llevaba nueve años en un minúsculo apartamento de Chueca, en el centro de Madrid. Y por fin un día reuní el valor necesario para romper con todo y hacer realidad el sueño de vivir en la ciudad con la que fantaseaba desde que era adolescente. Estaba soltera, trabajaba como periodista freelance y, por entonces, para entrar en el Reino Unido bastaba con mostrar tu DNI al bajar del aeropuerto. Ese cambio de país fue una verdadera ruptura con la vida que había llevado hasta entonces y me condujo a conocer a mi pareja y futuro padre de mi hija. Oh, y a escribir una novela inspirada en mis experiencias londinenses. 

Después de unas cuantas peripecias y mudanzas más, nos fuimos a vivir a Sevilla, donde me quedé embarazada. Cuando nuestra hija tenía cuatro meses, nos mudamos de nuevo. Y ahora, tras cinco años y tres nuevos cambios de escenario, hemos regresado a nuestra casa sevillana. Precisamente en el año del coronavirus, la vida nos ha dado la oportunidad de hacer dos cosas que estaban bien subrayadas en nuestra lista de propósitos vitales: vivir en nuestra propia casa (¡no más pisos de alquiler!) y matricular a nuestra hija en una maravillosa escuela alternativa a la que seguíamos la pista casi desde que ella nació.

Echo mucho de menos vivir al lado de la playa después de pasar tres estupendos años en la costa de Huelva, pero ahora tengo otras prioridades. Y una de las más importantes es proporcionarle a mi hija una educación respetuosa, internacional, innovadora y libre de adoctrinamiento. La playa, al fin y al cabo, seguirá ahí cuando ella vuele sola.  

Nueva casa, nueva etapa 

A lo largo de mis múltiples mudanzas he escrito muchas listas de cosas por tirar, cosas por empaquetar, cosas por vender o donar y cosas que comprar. Hoy quiero hacer una lista de las cosas que he aprendido con mis 16 cambios de casa. Estas son las 3 más importantes: 

nueva vida

Puedo empezar de nuevo en un sitio desconocido

Y no es tan difícil. También es cierto que nunca he cambiado de continente ni de cultura (aunque sí he hecho largos intercambios de casa con Estados Unidos. ¡Una vez me fui sola a Nueva York un mes entero y fue genial!), y eso lo hace más fácil. A veces creemos que el entorno que nos rodea forma parte de nosotros y que no podríamos desenvolvernos en otro lugar. Que echaremos terriblemente de menos todos esos lugares que vemos a diario y que nos aportan seguridad. Pero ¿sabes qué? Siempre hay otras calles, otros cafés, otros rincones sorprendentes. Y es maravilloso descubrirlos. Lo que importa es tu esencia y esa siempre va contigo al cambiar de casa. 

Hay un momento maravilloso entre lo viejo y lo nuevo donde todo es posible

Es ese instante en que te despiertas y no sabes muy bien dónde estás. En que alargas la mano para abrir el cajón que siempre estuvo ahí y te sientes terriblemente torpe al tocar el aire. Y te irrita no saber en qué caja están guardados los cuchillos de cocina. Ese momento es, en realidad, una bendición. Porque te ha sacado de una rutina en la que te movías arropada por costumbres, creencias y manías que llevaban años contigo y no dejaban paso a algo nuevo. Ahora, despojada a la fuerza de esa “mochila”, eres más libre de percibir el aquí y ahora, de cambiar tu manera de enfrentar las pequeñas cosas del día a día y crear nuevos hábitos.  

No necesito demasiados objetos

Me encanta desprenderme de cosas viejas, trastos inútiles, papeles desfasados. Soy muy fan de quedarme solo con lo que me resulta útil, me despierta sentimientos agradables o me parece bello y placentero (aunque no creo en el minimalismo exagerado a lo Marie Kondo). Y una y otra vez me he dado cuenta de que no necesito muchas cosas. Ni siquiera la mayoría de objetos a los que tengo cariño y que pasan de una mudanza a otra. Si en algún momento me desprendo de ellos, lo más probable es que ni siquiera me dé cuenta. Hoy por hoy, lo único que me dolería en el alma es perder las fotos de mi hija, pero esas no ocupan espacio porque las guardo en un disco duro. Y de hecho, una vez borré por error un álbum con cientos de preciosas imágenes de su primer año de vida. Pero en fin, luego le hice otros cientos más. 

Cambiar de casa es una gran oportunidad para evolucionar

En definitiva, mis 16 mudanzas me han ayudado a evolucionar, ser flexible al cambio, atreverme a salir fuera de mis cuatro paredes reales y metafóricas y abrir la puerta a grandes cambios vitales. A saber vivir sola, con compañeros de piso, en pareja y en familia. Y la verdad, por mucho que me guste mi casa actual, espero no perder la capacidad de adaptarme a vivir en sitios nuevos. Tener un refugio es maravilloso, pero no quiero apoltronarme en el falso refugio de la comodidad. Eso sí, espero que pasen bastantes años antes de empezar a llenar cajas de cartón y cambiar de casa otra vez.

Y tú, ¿cuántas veces te has mudado? Si no lo has hecho, ¿por qué te has quedado en el mismo sitio? ¿Dónde te gustaría irte a vivir?

3 Comentarios

  1. Beatriz Blumen

    Uy, yo me he mudado tantas veces ¡que ya he perdido hasta la cuenta! 😅
    Creo que los últimos años he sido más nómada, que otra cosa. Pero supongo que cada etapa y cada ciclo vital se manifiesta de diferente manera en todos nosotros.
    Me encantó la entrada, por cierto 💙

    Responder
    • Paloma Corredor

      Veo que me superas. ¡Seguiré tu blog para conocer todas tus andanzas! 🙂

      Responder

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