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Las 5 creencias negativas que no te dejan escribir el libro de tus sueños

Me faltan dedos en las manos (y en los pies) para contar las personas que me han dicho: “¡Yo quiero escribir un libro!”. Pero me sobran bastantes para contar las que han llegado a hacerlo. Es fácil tener buenas ideas (sí, es lo más fácil de todo) pero es difícil escribir el libro de verdad. Y no porque el talento sea un don reservado a unas cuantas elegidas. El verdadero freno son las creencias negativas que te impiden desatar tu creatividad. 

Cómo desactivar las creencias negativas que bloquean tu creatividad

De todas esas creencias negativas sobre la creatividad que “cierran” de golpe el libro que ni siquiera has empezado a escribir, hay algunas con las que seguramente te identifiques, porque son muy comunes. Así que vamos a repasar las mejores excusas para no escribir tu libro… y vamos a darles la vuelta para empezar a quitarles poder. 

No tengo tiempo

 

Esta es la reina de las excusas, el comodín que sirve… para todo. “No tengo tiempo para escribir / estudiar / hacer ejercicio / llamar a mi amiga”, etc. Y seguramente es cierto que no dispones de 8 horas de perfecta paz y armonía para sentarte junto a tu portátil y tu taza de té orgánico en un hermoso jardín desde el que contemplas cómo los rayos de sol bañan las ramas de los árboles y te inundan a ti de inspiración… ¡Ya quisieras tú que tu vida se pareciera tanto a una foto de Pinterest! Y como eso es imposible, desistes.

 

¿Qué tal si lo cambias por esto otro?

Te creo cuando dices que no tienes tiempo, pero eso es lo que piensas ahora. Porque la verdad es que no necesitas 8 horas diarias para escribir un libro. Seguro que puedes encontrar una hora. O incluso 30 minutos. Por ejemplo, parte del tiempo que dedicas a cotillear las redes sociales. Yo también pierdo valiosísimos minutos de mi tiempo en ellas, y a veces no me da la cabeza para más. Pero también te digo que tardo más o menos 30 minutos en escribir el borrador del post que estás leyendo (ojo, me refiero solo a escribir, no en buscar imágenes, publicarlo, moverlo en redes sociales…) y otros 30 en corregirlo. Tiene 1363 palabras. Ahora imagina lo que pueden cundir 30 minutos más 30 más 30… Al cabo de unos meses, puedes tener escrito tu libro. Un libro de no ficción tiene una media de 50.000-70.000 palabras. 

No sé cómo hacerlo 

 

Eso de escribir un libro suena genial, pero en realidad es una tarea demasiado compleja. Tienes tantas cosas en la cabeza que la idea de aprender una más te horroriza. Y por eso, inconscientemente huyes de ella y buscas mil razones para no empezar. En definitiva, es más sencillo dejarlo para más adelante… Ya sabes, para ese perfecto momento futuro que no llega nunca. 

 

¿Qué tal si lo cambias por esto otro?

Escribimos libros cuando sentimos la necesidad de compartir nuestra esencia con el mundo. De modo que lo primero que necesitas es darte permiso para hacerlo, y luego encontrar las herramientas para llevarlo a cabo, encontrar algo de tiempo (como hemos dicho unas líneas más arriba) y la manera de organizarte que a ti te funcione. Se trata de seguir unos pasos que te sirvan de guía y de estructura. Escribir no va de sentarte a esperar que desciendan sobre ti las musas de la inspiración ni de lanzarte a llenar páginas frenéticamente y olvidarte de hacer el desayuno a tus hijos. Más bien es todo lo contrario. El orden y la claridad te ayudarán mucho. 

Soy madre, no puedo permitirme el lujo de ponerme a escribir

 

madre escribiendo un libro

Las obligaciones cotidianas te absorben. Los niños, la casa, tu trabajo “nutricional” o tu emprendimiento ocupan casi todo tu tiempo. Y el resto se lo llevan todos esos pequeños detalles diarios que tienes que atender y que agotan tu energía aunque pasan desapercibidos para los demás. Y al final no tienes fuerzas para dedicarte a algo que parece tan etéreo como escribir. 

 

¿Qué tal si lo cambias por esto otro?

Sí, no te lo voy a negar porque a mí me pasa lo mismo. Las tareas domésticas y las rutinas nos absorben, nos agotan y nos aturden. Por eso mismo, si decides que vas a reservar parte de tu tiempo para escribir ese libro que tanto anhelas es como si abrieras una ventana para que entre la brisa fresca de primavera. Te permite respirar, tener tiempo para estar contigo misma, conectar con tu interior y escuchar el mensaje que tienes para compartir, llevarlo de tu corazón a tus manos, ponerlo por escrito… Y experimentar lo bien que te sientes cuando, durante ese espacio de tiempo, dejas de ser mamá, pareja, cuidadora, cocinera, chófer, psicóloga o resuelvetodo para ser una mujer que se sumerge en la magia de la escritura. 

¿Quién soy yo para dar consejos a nadie?

 

Te sientes una hormiguita cuando te comparas con esos seres abstractos que son “los expertos.” El mundo está lleno de expertos. Gente con paredes llenas de títulos. Gente que habla con tal desparpajo y seguridad que parece que se van a comer el mundo y de paso te van a devorar a ti también si te plantas frente a ellos. Gente que presume de experiencia y de másters. Gente que tiene una opinión y un consejo para todo. Gente que ha escrito libros de éxito. Y tú te dices… ¿A quién le va a interesar lo que voy a contar yo, que no tengo medallas ni me conoce nadie? 

 

¿Qué tal si lo cambias por esto otro?

Lo que te pasa se conoce como “el síndrome de la impostora” y, por lo que he observado, es una creencia negativa que nos ataca a casi todas. El mejor consejo que he escuchado nunca sobre esto procede de la estupenda Azucena Caballero, la mamá emprendedora que más sabe sobre cómo enseñar a vender a otras mamás emprendedoras: solo tienes que saber un poco más que tu lectora o cliente objetiva. Y cuando necesite aprender algo que tú no sabes, buscará a otra persona que se lo enseñe. ¿Verdad que así asusta menos? Recuerda que compramos un producto o un servicio a la persona que nos hace sentir bien porque nos ayuda y nos comprende, no a la que sacó las mejores notas en la universidad.   

Tengo miedo al rechazo

 

Se van a reír de mí / Me van a juzgar / Me van a criticar / Me da vergüenza exponerme. El temor a la mirada ajena es tan poderoso que frena a muchas personas llenas de talento y les impide mostrar lo que saben hacer. Si a ti también te paraliza el miedo al rechazo, no olvides que eso te aporta seguridad, pero también te aísla e impide que sientas la satisfacción de conectar con otras personas que están deseando recibir tu mensaje. 

¿Qué tal si lo cambias por esto otro?

No creo que nadie se pueda reír de ti por escribir un libro. Todo lo contrario: te admirarán. Pero tienes que asumir que en el momento en que te haces visible, puede ocurrir que alguna persona prepotente o insensible te juzgue, se burle de ti o te critique. Y que aparezca gente que te envidie. Pero estos temores que tanto nos paralizan nunca nunca nunca deberían ser una razón para que tú dejes de hacer algo que amas. Incluso si ocurrieran, esas críticas o burlas no estarían definiéndote a ti, sino a los mediocres que las lanzan. Pero lo más importante es que te des cuenta de que, mientras solo existan en tu mente, esas hipotéticas críticas son solo pensamientos tuyos basados en el miedo. 

¿Lista para desactivar tus creencias negativas?

¿En cuántas de estas creencias negativas te reconoces? ¿Cuál te tortura más? ¿Cuál te parece menos amenazadora después de leer este post? ¿Eres capaz de verlas como excusas, barreras que levantas para no afrontar alguna sensación incómoda?

Te animo a que escribas sobre ello. Así conectarás con lo que hay en tu interior y sabrás qué es exactamente lo que te está impidiendo lanzarte a escribir el libro de tus sueños. 

Imagínate a ti misma libre de creencias negativas paralizantes… ¿Cómo serías?

 

2 Comentarios

  1. Grisela Pujol

    Me ha encantado tu manera de verlo y enfocarlo. Yo estoy empezando en esto, y me ha pasado todo eso en algún momento. Pero el más paralizante para mí ha sido “ el síndrome de la impostora “ el último, ya no me preocupa en absoluto. Claro que me gusta gustar, pero es imposible que le guste a todo el mundo y las críticas sí no son constructivas, no me interesan.😊

    Responder
    • Paloma Corredor

      Querida Grisela, el síndrome de la impostora nos ronda a todas. Se trata de no hacerle demasiado caso y seguir adelante. Las críticas no constructivas que provienen de nosotras mismas tampoco deberían interesarnos, verdad?

      Responder

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