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Cómo dejar de ser perfeccionista y ponerte a escribir de una vez

Vivimos en la sociedad de la productividad, los objetivos por cumplir, las listas de cosas por hacer.

Ser perfeccionista sigue estando bien visto.

¿No te has fijado en esas entrevistas en las que, a la pregunta de: “¿Cuál es tu peor defecto?”, el personaje contesta: “Soy muy perfeccionista”? Es una forma un tanto retorcida de “echarse flores” a uno mismo. 

Un poco de perfeccionismo es muy saludable, porque refleja que eres una profesional confiable que se esfuerza por hacer bien las cosas. Pero si tú también eres de las que contestaría: “Soy muy perfeccionista” a una entrevista (en lugar de decir “Soy vaga / envidiosa / mentirosa”, que son respuestas que nos hacen quedar fatal… Pero en fin, que me desvío del tema), tal vez necesites revisar el por qué de ese perfeccionismo que en dosis moderadas es virtud, pero que puede volverse tan molesto como el exceso de guindilla en un guiso. 

El perfeccionismo y las excusas para no escribir 

Escribir un libro siendo madre de niños pequeños no es tarea fácil. Hace falta organizarse muy bien, tener las ideas claras y una buena dosis de energía. Pero también hace falta dejar de ser perfeccionista porque, si no, nunca escribirás. Encontrarás millones de excusas convincentes. 

¿Te suenan estas? 

  • Ya escribiré cuando organice todos los cajones de mi casa. Ahora no es el momento perfecto. 
  • Empezaré el libro cuando terminen las vacaciones de mis hijos. Ahora no es el momento perfecto. 
  • En este momento no puedo escribir porque tengo demasiadas cosas en la cabeza. Ahora no es el momento perfecto. 
  • No me lanzo porque tengo miedo de fracasarAhora no es el momento perfecto. 

La verdad, a mí me suenan todas porque me he aferrado a ellas como una lapa en diversos momentos de mi vida. Es más, me sigo aferrando de vez en cuando.  

Perfeccionismo excesivo

Y te digo una cosa: aunque sigo siendo perfeccionista, he tenido que aceptar que ni ahora ni nunca va a ser el momento perfecto. Aunque fantasee con él. Porque yo me veo a mí misma en un maravilloso estudio blanco de grandes ventanales en medio de la naturaleza (en concreto, entre una playa y un bosque), donde todo está perfectamente limpio y ordenado. Es esa habitación propia de la que hablaba Virginia Woolf. Tengo todo el tiempo del mundo porque mi familia está ocupada en sus cosas y no me reclama. Y por supuesto, tengo ayuda doméstica, la cuenta corriente bien repleta y una salud de hierro. Bueno, y un coche nuevo. 

Solo que en la vida real soy mamá de una niña pequeña, no tengo despacho propio (escribo en un rincón del salón) y mi marido y yo carecemos de parientes en cientos de kilómetros alrededor. Sería genial materializar esa visión pero, si espero a que eso ocurra, creo que este año no escribiré mucho. Y el que viene, quizás tampoco.  

10 consejos para superar el perfeccionismo obsesivo 

La vida es imprevisible y tiene su propio ritmo. Si no lo hemos aprendido después del año 2020, ¿cuándo?

Así que, si quieres escribir, aquí tienes 10 maneras eficaces de enviar tu perfeccionismo enfermizo a la papelera de reciclaje. 

Superar el perfeccionismo

Fluye

Ser perfeccionista es un rasgo que se disfraza de virtud, pero en realidad te impide avanzar y hace que te muevas por la vida impulsada por la ilusión de que controlas todo lo que ocurre. Hasta que te desborda el estrés de tanto esforzarte en ponerle puertas al campo y ni siquiera consigues relajarte yendo a correr o haciendo yoga. ¿Tú crees que en ese estado puedes ponerte a escribir?

Elige tus prioridades

Coge tu perfecta lista de cosas por hacer y decide cuáles de verdad vas a llevar a cabo y cuáles no. Es muy liberador asumir que hay cosas que nunca haremos y que en realidad ya no nos apetecen ni nos aportan… aunque mantenemos en la lista por un vago sentimiento de “debería”. El tiempo que te quede libre de esas “obligaciones” puedes dedicarlo a escribir. 

Deja de compararte

Tú eres tú y tus circunstancias. Si te pones a mirar el Top 100 de Amazon vas a encontrar libros muy interesantes y bien escritos. Pero también lo vas a tomar como excusa para no escribir el tuyo (porque los otros son mejores, porque tú no tienes medios o tiempo, porque porque porque…).

Libérate de tu juez interior

Es imprescindible que escribas sin censurarte a ti misma, que dejes salir lo que necesitas expresar. Casi todas llevamos dentro una voz que nos ahoga con sus críticas, reproches y burlas. Tú escribe y no te preocupes de nada más. Y en una segunda fase, revisa lo que has escrito, corta, añade o cambia lo que necesites.  

Organízate

Para escribir un libro no necesitas tener ocho horas de silencio y concentración absolutos. Si te pones a ello, te sorprenderás al comprobar lo mucho que puede cundir una hora. Incluso 30 minutos. Solo tienes que sumar pequeñas porciones de tiempo y ser constante. 

Conecta con tu por qué

Recuerda para qué quieres escribir. Tu objetivo es dar a conocer tu pasión, expresar tu verdad, crecer en tu negocio y conectar con personas afines. Es una motivación muy poderosa que debes tener siempre presente antes de ponerte a escribir. 

Celebra tus logros

La perfeccionista que hay en ti nunca se va a dar por satisfecha, y por eso debes ignorarla y felicitarte por tus avances. Eso te facilitará el siguiente paso. La escritura es una carrera de fondo. 

Piensa en tus lectoras

Hay un montón de mujeres deseando conocerte, saber más sobre lo que haces recibir el tipo de ayuda que tú puedes ofrecer con tu experiencia y conocimientos. Concéntrate en ellas y no en tu voz crítica interior. Verás cómo te sientes muchísimo mejor. 

Visualiza

Visualízate con tu libro terminado. ¿Verdad que solo de imaginarlo te sientes orgullosa de lo que has logrado? Pues recuerda que para conseguirlo debes pasar por encima de ese perfeccionismo paralizante.   

Busca ayuda

Si no puedes con todo, limítate a escribir y recurre a otros profesionales para que te ayuden con la tarea de editar, corregir o publicar. ¿Quién dijo que tienes que saber de todo y hacer las cosas tú sola? Ah, sí, tu “perfeccionista interior”. Pero ¿verdad que ya no vas a hacerle caso?

 

 

¿Cuál es la principal excusa que tu “perfeccionista interior” elige para no ponerse a escribir?

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